

La recuperación arqueológica de los hornos metalúrgicos romanos en el Parque Arqueológico de Riotinto permite profundizar en el conocimiento de las técnicas de producción metalúrgicas de la Antigüedad, revelando procesos sofisticados de fundición y transformación de metales que reflejan un alto nivel tecnológico de la época. Su estudio y conservación no solo son fundamentales para ofrecer al público una experiencia educativa única, sino que también permiten comprender cómo estas innovaciones sentaron las bases para la evolución de las tecnologías metalúrgicas que impulsaron la industrialización en épocas posteriores. Preservar estos vestigios protege un patrimonio arqueológico excepcional y refuerza la identidad histórica de Riotinto, destacando su papel en la historia de la innovación tecnológica y la industrialización a lo largo del tiempo

Durante la época republicana y del imperio Romano se estableció una gran explotación de cobre y otros metales en Riotinto. Los romanos organizaron las minas, establecieron rutas de transporte, construyeron infraestructuras industriales y extrajeron grandes cantidades de minerales. La explotación se estima que involucró hasta 10,000 esclavos. Las presencia y dimensiones de este horno panadero como parte de un asentamiento minero de época republicana (s. I a.C.) ofrece información directa sobre la vida cotidiana, la economía y las prácticas sociales de esa época, sugiriendo una actividad económica organizada.

El Cargadero y Clasificador de San Luis, situado en las históricas Minas de Riotinto, es un testimonio del patrimonio minero de la región. Este complejo industrial, clave en la extracción y clasificación de
minerales, refleja la ingeniería y la actividad económica que marcaron el desarrollo de Riotinto. Sus estructuras y mecanismos conservan la memoria de la minería andaluza y su importancia en la historia
industrial de España.

La extracción en bloque de este segmento de una unidad estratigráfica arqueológica permitió preservar restos frágiles de alto valor documental y etnológico, manteniendo su integridad, humedad y temperatura. El suelo, perteneciente a la unidad geológica de Filón Nuevo, es heterogéneo y rico en arcillas, lo que genera condiciones anaerobias que han conservado objetos de fibra vegetal. Estas condiciones deben mantenerse hasta que los materiales sean correctamente trasladados y depositados en el museo.

El análisis visual y la propuesta de conservación preventiva de un conjunto de objetos arqueológicos de materialidad orgánica permiten evaluar su estado de preservación y diseñar estrategias para su protección a largo plazo. Los objetos, recuperados de un sustrato cuyas características físico-minerales han inhibido la acción biológica destructiva, presentan un nivel de conservación excepcional. La inspección detallada permite identificar signos de deterioro incipiente y factores de riesgo, orientando medidas preventivas que aseguren la estabilidad física y química de los materiales, evitando su degradación y garantizando su integridad para su estudio y futura exhibición.

La recuperación arqueológica y la preservación del horno metalúrgico UE4597 revisten una gran importancia, ya que se trata de un caso singular de aprovechamiento del terreno de un sinclinal geológico para la construcción de un horno metalúrgico en época romana, vinculado a la explotación de las minas de Riotinto. La aplicación de técnicas modernas de conservación permite estabilizar la estructura y documentar de manera detallada sus características constructivas y funcionales. Estas intervenciones no solo garantizan la pervivencia de un bien que aportan una información valiosa sobre la ingeniería y la organización de la minería romana en la región.

Entre 1880 y 1900, la Rio Tinto Company Limited adquirió 31 locomotoras de vapor clase I (0-6-0 T) a Dübs & Co., basadas en el modelo NER 1001 de William Bouch, para el ferrocarril minero de Riotinto. Estas locomotoras, conocidas como las “chatas”, eran robustas, de caldera larga, diseñadas para trabajos pesados y maniobras en vía estrecha, usadas para transportar mineral, escombros y pasajeros. Tras el cierre de la línea minera en los años 70, algunas locomotoras fueron rescatadas y restauradas por la Fundación Río Tinto, destacando la clase I núm. 51, rescatada en 1985 y que actualmente circula como Ferrocarril Turístico Minero, empleando piezas de la locomotora núm. 50, que había quedado abandonada en 1969 en el túnel 5 de Corta Atalaya. La carrocería de la num. 50, aunque dañada por un derrumbe, fue posteriormente recuperada para su futura restauración.

Esta suela de cuero se recuperó de la UE-1216 de Cortalago. Su estado de conservación se caracterizaba por extrema fragilidad, grietas y coloración oscura debido a la hidrólisis del colágeno y la exposición prolongada a ambientes húmedos. Tras una cuidadosa limpieza, se consolidó el material mediante inmersión controlada en polímeros termoplásticos con técnica de saturación de semi vacío, estabilizando así la estructura del cuero sin alterar sus características originales.

Antes de la llegada de la Riotinto Company Ltd., Riotinto contaba con diversas actividades industriales, incluyendo fábricas y estanques de lavado y cementación vinculados a explotaciones previas del marqués de Remisa. En el sector de La Cerda se construyeron nuevos estanques por los ingleses y se desarrollaron complejos industriales que formaban parte del núcleo productivo de la minería local. Estas instalaciones contribuyeron significativamente al desarrollo tecnológico e industrial de la región. Hoy, la historia de La Cerda se conserva principalmente a través de un único vestigio tangible, su histórica chimenea, mudo testigo de dos siglos de la historia minera de Riotinto.

